
“No fue falta de interés, fue exceso de incertidumbre: el avión arrastra más dudas técnicas y legales que valor comercial.”
PUNTA CANA. RD – El fallido intento de subastar el Falcon 50 vinculado al caso “Air Cocaine” dejó al descubierto una realidad menos mediática pero más determinante: el mercado aeronáutico no compra historias, compra certezas. Y este avión no las tiene.

Aunque el precio base rondaba los US$1.5 millones, especialistas coinciden en que el verdadero obstáculo fue la ausencia de documentación técnica esencial. Sin bitácoras completas —los llamados logbooks—, ninguna autoridad internacional puede certificar su aeronavegabilidad, lo que obliga a cualquier comprador a invertir a ciegas en un proceso costoso e incierto.
A esto se suma el desgaste acumulado tras más de una década fuera de operación en condiciones climáticas adversas. Corrosión estructural, posibles fallas en turbinas y sistemas comprometidos elevan el costo de recuperación a niveles que podrían superar el valor final del avión.

En términos prácticos, el Falcon 50 no es un activo listo para operar, sino un proyecto de alto riesgo financiero. En un mercado donde la trazabilidad lo es todo, este avión quedó fuera no por lo que cuesta, sino por lo que podría costar ponerlo en el aire.
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