Por: Carlos Jiménez
Comunicador
“Cada niño fuera de un aula representa una oportunidad perdida. Cada escuela deteriorada es una señal de abandono.”
PUNTA CANA. RD – El inicio del año escolar 2026-2027 vuelve a poner sobre la mesa una realidad que no puede ser ignorada: el sistema educativo dominicano enfrenta enormes desafíos, mientras miles de estudiantes corren el riesgo de quedar fuera de las aulas por falta de cupos, docentes y condiciones inadecuadas.
Se habla de un déficit de más de 28,000 aulas, además de planteles con filtraciones, grietas, problemas de infraestructura, falta de agua potable, mobiliario insuficiente y espacios que han tenido que ser improvisados para impartir docencia. Incluso áreas destinadas al esparcimiento y comedores escolares han terminado convertidas en aulas. A esto se suman otras preocupaciones: maestros que denuncian retrasos en sus pagos, centros sin conserjes, porteros o personal administrativo insuficiente, dificultades con el desayuno y almuerzo escolar, obras inconclusas y otras señaladas por presentar vicios de construcción. Mientras tanto, proveedores del sistema educativo también enfrentan dificultades de pago que pueden poner en riesgo la estabilidad de pequeñas y medianas empresas que dependen de esos contratos.
Y como si fuera poco, persisten los bajos resultados de aprendizaje que el país ha evidenciado en evaluaciones internacionales como PISA. No basta con construir aulas: hay que garantizar calidad, seguridad, docentes, alimentación, materiales, tecnología y condiciones dignas para aprender.
Punta Cana no puede quedar al margen
Particularmente preocupante resulta la situación de Punta Cana, uno de los principales destinos turísticos del país y un territorio que ha experimentado un crecimiento poblacional extraordinario.
La preocupación de la comunidad educativa apunta a que más de 1,800 niños podrían quedar sin recibir docencia por falta de aulas, docentes y personal administrativo.
¿Puede un destino de la importancia económica de Punta Cana enfrentar una situación de esta naturaleza?
Los padres necesitan respuestas. Los estudiantes necesitan aulas. Los maestros necesitan condiciones dignas. Y las comunidades necesitan seguridad.
La ausencia o insuficiencia de policías escolares en determinados planteles también genera preocupación entre las familias, especialmente ante los episodios de violencia y la presencia de grupos que amenazan la tranquilidad dentro y alrededor de algunos centros educativos.
¿Dónde está la prioridad?
República Dominicana destina constitucionalmente el 4% del PIB a la educación preuniversitaria. Por eso surge una pregunta legítima que debe ser respondida por las autoridades:
¿Acaso el 4% no es suficiente, o estamos frente a un problema de planificación, ejecución, supervisión y establecimiento de prioridades?

La educación no puede esperar.
Cada niño fuera de un aula representa una oportunidad perdida. Cada escuela deteriorada es una señal de abandono. Cada maestro sin cobrar y cada proveedor que no recibe su pago son piezas de un sistema que necesita respuestas.
Punta Cana merece una educación a la altura de su importancia. La República Dominicana merece escuelas dignas. Y nuestros niños merecen mucho más que aulas improvisadas: merecen un futuro
Mejor, para no seguir mordiendo el polvo de la derrota en tan referida demarcación.
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