Por: Genesis Lara
“Del bolsillo a la celda: Singapur pasa de las multas al castigo penal y coloca al vapeo en la misma categoría que las drogas más peligrosas”
SINGAPUR – La ciudad-Estado asiática, conocida por sus férreas políticas de orden social, acaba de encender una nueva batalla que promete cambiar el panorama regional en materia de salud pública y control de adicciones. El primer ministro Lawrence Wong anunció que el vapeo dejará de tratarse como una infracción menor de tabaco para convertirse en un delito similar al tráfico de drogas, con penas de prisión y sanciones mucho más duras.
La medida responde a un crecimiento alarmante del contrabando de vapeadores adulterados, conocidos como “Kpods”, que en recientes incautaciones contenían etomidato, un anestésico de uso hospitalario con riesgos graves para la salud. Según el Gobierno, mantener el vapeo bajo la categoría de tabaco ya no resulta suficiente, pues la naturaleza de los productos que circulan ilegalmente se acerca más a la manipulación de drogas que a un simple sustituto del cigarrillo.
Con esta decisión, Singapur busca un para qué claro: frenar de raíz una práctica que amenaza con expandirse entre jóvenes y que ha generado preocupación en las autoridades sanitarias. La alerta es evidente: quienes vendan o introduzcan vapes con sustancias nocivas podrían enfrentar penas de cárcel, mientras que los usuarios recibirán supervisión y tratamiento en centros de rehabilitación.
El impacto no se limita a la salud; afecta también al sector educativo, donde ya se prepara una campaña nacional que involucra a escuelas y familias, para cortar de raíz la normalización del vapeo en adolescentes. Además, el comercio informal y las redes de contrabando enfrentarán un endurecimiento en la persecución judicial, con la mira puesta en los proveedores internacionales que alimentan este mercado negro.

Este cambio coloca a Singapur a la vanguardia global en políticas contra el vapeo, superando las recientes restricciones vistas en Europa y América. El mensaje es directo: en este país, vapear no es un hábito, es un delito.





