Tras el telón del Día de las Madres: menores alcoholizándose, ancianos en vela y una patrulla que factura

No hay madre que descanse ni envejeciente que aguante

Karla Silverio
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“Yo tengo 17, yo tomo de TÓ, corazón”, dice un menor entre tragos; mientras una señora de 63 años recuerda cómo llamaban a la policía, y solo veían cómo les pasaban su chelitos… y el ruido volvía más fuerte.»

VERÓN PUNTA CANA, REPÚBLICA DOMINICANA. El domingo 25 de mayo  amanece con abrazos improvisados, desayunos a medias y colmadones armando promociones. Es Día de las Madres. Pero aquí, en la avenida Domingo de la Cruz (La Doble Vía), las flores se marchitan temprano y el homenaje se convierte en juerga. Al caer la noche, la escena ya no tiene nada de maternal: menores de edad con vasos en mano, motocicletas rugiendo sin placas, y una música en colmadones, drinks y vehículos  que hace vibrar hasta el concreto.

Los brindis no tienen rostro de adulto. Basta observar una esquina para notar el descontrol: adolescentes tomando alcohol, mientras al fondo suena el dembow que les sirve de himno. Al Punta Cana Post preguntarle sobre su edad y si consumen alcohol respondieron: “Yo tengo 17, yo tomo de TÓ, corazón.” 

Las autoridades no aparecen. O peor, según denuncias: aparecen, cobran, y se van. Una anciana, sentada en su en el patio de su hogar con la mirada rota, lo resume sin rodeos: “Nosotros llamábamos a la policía y veíamos cómo ellos le pasaban su chelitos, y cuando se iban, volvían y ponían el ruido más fuerte.”

Aquí, la ley duerme mientras el barrio amanece despierto. No hay silencio para las madres. No hay respeto para la infancia. Solo reguetón, romo y menores perdidos en una madrugada sin reglas.

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