Por: Genesis Lara
SANTO DOMINGO, RD – Lo que debía ser un motivo de orgullo nacional se está convirtiendo en un dolor de cabeza político y deportivo. El ingeniero Garibaldy Bautista, presidente del Comité Olímpico Dominicano (COD), prendió la chispa de la controversia al denunciar que las obras del Complejo Acuático y el Pabellón de Combate del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte marchan con un atraso alarmante.
El problema, según el dirigente, no es la falta de recursos, sino la arriesgada decisión de poner la responsabilidad en apenas tres contratistas, lo que hoy tiene a las instalaciones atrapadas en un cuello de botella.“Concentrar las obras en tan pocas manos es casi un suicidio administrativo”, deslizó Bautista en el programa externo. Su advertencia no es gratuita: recordó que en los Panamericanos de 2003 participaron 33 empresas constructoras, lo que permitió una ejecución rápida y eficiente. Hoy, a menos de un año del gran evento, las comparaciones son inevitables… y dolorosas.
La polémica crece porque, mientras Bautista reconoce que la calidad de las obras es buena, insiste en que la lentitud amenaza con dejar al país en vergüenza ante la comunidad internacional. El ejemplo más sonado: la cancha de tiro con arco en el Parque del Este, que tras su remodelación superó a la construcción original de 2003. Pero ¿de qué sirve la calidad si no se llega a tiempo?
Lo cierto es que la advertencia está hecha y el reloj sigue corriendo. El país deberá decidir si despierta a tiempo o si permite que la burocracia y la mala planificación empañen su cita con la historia en 2026.




