Por: Genesis Lara
“En La Ceiba ya no se vive con tranquilidad: cada día es una ruleta rusa en carreteras sin seguridad, donde el peso de la indiferencia se expande como humo.”
LA CEIBA, HIGÜEY, R.D. – El desafortunado accidente ocurrido en La Ceiba, Los Salados, que cobró la vida de siete personas y dejó varias más heridas, no fue un hecho aislado ni un infortunio casual. Para los residentes, se trata de la confirmación de lo que han advertido por años: el abandono de la seguridad vial en su comunidad y la falta de control sobre el tránsito pesado han convertido las calles en una trampa mortal.
Durante un recorrido realizado por Punta Cana Post, los ciudadanos coincidieron en un mismo sentir: no necesitan condolencias sin acciones, necesitan soluciones. Calles que se pierden entre aceras, tramos sin asfaltar, reductores de velocidad en mal estado, ausencia de señalización y la circulación de vehículos pesados a velocidades excesivas representan una amenaza constante que pone en alerta la vida de todos los habitantes.
Los moradores insisten en que no necesitan condolencias sin acciones, necesitan soluciones. Acciones reales que transformen su entorno. Aseguran que vivir en esas condiciones se ha convertido en un martirio constante, un tormento silencioso que no se alivia con promesas ni palabras de ocasión. Lo que demandan es la reestructuración del tránsito en la zona, especialmente la exclusión de camiones y vehículos pesados de las vías principales, como acción inmediata. Así como el asfaltado integral de las calles, la reparación de contenes y la implementación de medidas eficaces de seguridad vial.
“No queremos más tragedias, no queremos más familias enlutadas. Queremos soluciones reales”, expresaron con firmeza vecinos de la comunidad. El mensaje, dirigido a las autoridades locales y nacionales, busca romper la inercia de la indiferencia: lo ocurrido en La Ceiba no debe repetirse, y el costo de la inacción ya ha sido demasiado alto.

Hoy, La Ceiba se convierte en un espejo incómodo de la realidad de muchas comunidades del país, donde la modernidad turística contrasta con el abandono de la infraestructura básica. La voz de sus habitantes no es solo un reclamo, es una advertencia.., Y ahora, ¿qué harán para que esta tragedia no se repita?





