Por: Genesis Lara
“El PRM se quedó sin fiesta. Abinader eligió el silencio antes que arriesgarse a sonar desafinado en medio del ruido social.”
SANTO DOMINGO, RD – El acto que celebraría los cinco años del Gobierno de Luis Abinader no solo fue suspendido, fue desactivado por orden del propio presidente. Lo que parecía una simple decisión de sobriedad política se interpreta, puertas adentro, como un movimiento para evitar el contraste entre una fiesta oficialista y la dura realidad de apagones, protestas y quejas ciudadanas.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) anunció anoche que, a solicitud del mandatario, cancelaba el evento programado para este viernes. Con ello, se repite la escena del pasado 16 de agosto, cuando el huracán Erin obligó a posponer la celebración. Pero ahora el clima que pesa no es meteorológico, sino social y político.
En su carta, Abinader habló de responsabilidad y de priorizar el trabajo sobre la tarima, con frases cargadas de solemnidad: “El verdadero liderazgo es cargar con las preocupaciones de la gente y transformarlas en esperanza”. Sin embargo, más allá de la retórica, la decisión llega en un momento en que la oposición –especialmente la Fuerza del Pueblo y el PLD– han endurecido su discurso sobre el colapso del sistema eléctrico, la carestía y la pérdida de confianza en el Gobierno.
El propio PRM trató de vestir la suspensión como un gesto de empatía, asegurando que “no es tiempo de celebraciones, sino de caminar con el pueblo”. Pero la lectura inevitable es que la celebración resultaba un riesgo de imagen: mientras la sociedad reclama soluciones a los apagones y a la crisis económica, un mitin con luces, música y discursos hubiera alimentado el guion opositor de “un Gobierno que baila mientras el país sufre”.

La jugada de Abinader, aunque proyecta responsabilidad, también desnuda la vulnerabilidad de un Gobierno que no encuentra respiro: ni siquiera puede celebrar su aniversario sin temor a la factura política.





