Por: Genesis Lara
“Muertes aparecen sin medidas pero en Santiago ya nadie se alarma: el canal ha dejado de ser noticia y se ha vuelto rutina.”

SANTIAGO. RD– El canal Ulises Francisco Espaillat, lejos de ser una infraestructura de riego, ha mutado en el epicentro de una serie de muertes que se repiten como una maldición sin respuesta. Según fuentes en ese canal han ocurrido diferentes situaciones, como si quisieran gritar lo que nadie se atreve a decir: que algo profundamente turbio ocurre bajo esa superficie.
Las víctimas que se han encontrado entre 2024/2025 no eran parte de un mismo hecho, pero todas terminaran en el mismo lugar: un canal sin vigilancia, sin medidas de prevención y sin atención pública. No importa la edad, victimas como, un adolescente de apenas 14 años; otro, un hombre mayor aún sin identificar; y un tercero, hallado más adelante, en avanzado estado de descomposición. Ninguno tuvo tiempo de escapar de la corriente ni de las circunstancias que los llevaron allí.
El drama no se reduce al peligro del agua. Vecinos y rescatistas afirman que este canal se ha convertido también en vertedero de crímenes. No se han documentado más hallazgos de cuerpos en este mes, por lo que Junior Rodríguez representa el único caso verificado en julio de 2025 . A diferencia de episodios anteriores donde en menos de 24 o 48 horas se localizaron hasta tres cadáveres —por ejemplo, entre enero y febrero de 2024—, este mes solo ha presentado un incidente confirmado.
Lo alarmante no es solo el número de muertos, sino la naturalización del horror. La comunidad ya no se estremece; solo observa cómo los bomberos extraen otro cuerpo, mientras los curiosos filman con sus celulares. Los que piden intervención estatal lo hacen con resignación, porque saben que el Estado llega tarde… si llega.
A todo esto se suma la precariedad del rescate: voluntarios enfrentan amenazas, insultos y hasta agresiones cuando intentan recuperar los cuerpos. En algunos casos, los familiares, desesperados, impiden el trabajo del Instituto de Ciencias Forenses, rompen protocolos y alteran escenas en busca de respuestas inmediatas que nadie está dispuesto a darles oficialmente.
El Ulises Francisco Espaillat dejó de ser un canal: es un símbolo del abandono, un espejo del sistema y un depósito de lo que la ciudad no quiere mirar.






