“No nos vamos. Es nuestro monasterio y nuestras posesiones”, sentenció la hermana Paloma frente a la prensa, desafiando al Vaticano y a la justicia”
BELORADO. ESP – En una escena que parece salida de otra época, nueve monjas excomulgadas se niegan a abandonar el convento de Santa Clara, en Castilla y León, tras declarar su ruptura con la Iglesia Católica y calificar al papa Francisco de “usurpador”. La justicia española acaba de ordenar su desalojo, pero ellas, firmes en su postura, aseguran que el monasterio les pertenece. El caso ha encendido el debate nacional sobre la autoridad religiosa, el derecho a la propiedad y la rebeldía espiritual dentro del seno de la Iglesia.
La ruptura no fue solo teológica, sino también legal. Las religiosas alegan que el Vaticano les impidió adquirir otro convento, lo que derivó en su desvinculación del Papa y su alineación con el sedevacantismo, un movimiento que considera ilegítimos a todos los papas posteriores a Pío XII. La Santa Sede respondió con excomunión inmediata. Lejos de ceder, las monjas se atrincheraron en su monasterio del siglo XV, convertido ahora en símbolo de resistencia contra Roma.
El tribunal de Briviesca falló a favor de la Iglesia, validando los documentos que la señalan como propietaria del inmueble. En contraste, las religiosas no presentaron título alguno. La sentencia establece que deben dejar el convento, aunque sin un plazo concreto, advirtiendo que, si no lo hacen por voluntad propia, se procederá con desalojo forzoso. El abogado de las monjas ya anunció que apelarán, dejando claro que la batalla legal apenas comienza.
El caso ha trascendido lo jurídico y desató una ola de reacciones en España. El convento de Santa Clara, con más de 500 años de historia, ha pasado de ser lugar de recogimiento espiritual a escenario de una confrontación pública que entrelaza fe, poder e identidad. La imagen de monjas enfrentando a la institución que juraron servir ha sacudido los cimientos de una Iglesia acostumbrada a la obediencia.

Por ahora, las religiosas continúan en el interior del convento, sin intenciones de marcharse. Las cámaras siguen captando sus declaraciones desafiantes, mientras la tensión crece. En un mundo donde la fe suele ser silenciosa, estas monjas eligieron gritarla. El Vaticano las excomulgó, la justicia les dio la espalda, pero ellas siguen firmes: con hábito, oración… y rebeldía.





