El miedo al dentista es un enemigo silencioso

La Dra. Milendry de la Cruz explica por qué posponer una cita dental por temor puede costar salud, dinero y calidad de vida, y llama a transformar la percepción sobre la odontología.

Redacción PCP
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Por: Dra. Milendry de la Cruz
Odontóloga

¿Cuántas veces has pospuesto una cita dental por miedo? Esa vocecita que dice “aguanta un poco más” suele ser más fuerte que el dolor inicial. Muchas personas, incluso con molestias, prefieren automedicarse, tomar analgésicos o esperar a que “se quite solo”. Pero la realidad es que el miedo al dentista no es un temor inocente: es un enemigo silencioso y peligroso que puede costar salud, dinero e incluso complicaciones mayores.

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El origen de este miedo tiene raíces profundas. Para algunos, proviene de experiencias dolorosas en la niñez, cuando los tratamientos eran más rudimentarios y había pocos recursos. Otros lo heredan de frases familiares que se repiten generación tras generación: “no te portes mal, que te llevo al dentista”. Así, se va formando una imagen del consultorio dental como un lugar de sufrimiento, cuando en realidad debería ser visto como un espacio de cuidado y prevención. Si hablamos de estadisticas solo el 30% de la población acude al dentista de manera voluntaria o para evaluaciones preventivas, lo que según el presidente de la Asociación Odontológica Dominicana, Adolfo Rodríguez,  se debe a la falta de educación.

El problema surge cuando ese miedo se convierte en una barrera que retrasa las visitas regulares al odontólogo. Lo que pudo haberse resuelto con una limpieza o una restauración sencilla, termina en una endodoncia (tratamiento de conducto), una extracción o, en casos más extremos, en infecciones graves que comprometen la salud general. Porque sí, la boca no es un sistema aislado: afecta o mejora la salud y calidad de vida.

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Hoy, con la odontología moderna, seguir alimentando este miedo es un gran riesgo. La ciencia y la tecnología han cambiado por completo la experiencia en el consultorio. Además, hay excelentes profesionales con un trato más humano y empático, porque los odontólogos sabemos que la parte emocional del paciente es tan importante como la técnica. La imagen del “dentista temido” debería quedar en el pasado.

Reflexionemos en lo siguiente: ¿qué estamos transmitiendo a las nuevas generaciones? Si un niño crece escuchando que ir al dentista es un castigo, lo más probable es que arrastre esa fobia hasta la adultez. Si, en cambio, le enseñamos que una visita dental es un acto de cuidado y amor propio, crearemos adultos más conscientes y responsables de su salud bucal. El cambio empieza en casa, en cómo hablamos del tema y en el ejemplo que damos.

El miedo al dentista es, en realidad, un enemigo mucho más peligroso que el propio tratamiento. Porque mientras el procedimiento busca sanar, el miedo paraliza, retrasa y agrava los problemas. Y en esa espera se pierde salud, calidad de vida y recursos que nunca se recuperan. El verdadero dolor no está en la silla del dentista, sino en evitarla. Ir al odontólogo no debería verse como un castigo, sino como una inversión en bienestar. El paso más difícil no es abrir la boca, sino dar el primer paso hacia la prevención. Y esa decisión puede marcar la diferencia entre vivir con miedo o sonreír con confianza.

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